LOS SOLDADOS RECORTABLES EN HILERA
"Las láminas de soldados en hilera"
Las primeras láminas de alineados
Los primeros recortables que se comercializaron se denominaron ya láminas de alineados, por la forma en que se distribuían las figuras en hileras, normalmente soldados, aprovechando al máximo el papel y constituyéndose en un barato aunque efímero juguete.
Es posible que estas láminas tengan su origen en las que representaban uniformes y escenas de batallas impresas en Alemania algunos años antes. También se señalan como posible origen las láminas militares que se dibujaban para reforzar la oratoria de los oficiales encargados del reclutamiento militar.
En lo que hay acuerdo es en considerar la ciudad de Estrasburgo como la cuna de este tipo de láminas recortables. Numerosos impresores de esta ciudad francesa se dedicaron a producir éstas hojas para luego venderlas.
Uno de los principales fabricantes de soldados en hilera fue Silbermann (1800-1876), que además desarrolló un método para la impresión en color de las láminas y tuvo una producción de indudable calidad muy valorada hoy por los coleccionistas.
Los soldados Pellerin
Será la ciudad de Épinal (Francia) la que mayor protagonismo acabará teniendo en la creación de este tipo de láminas. En Épinal existía, al igual que en otras ciudades de toda Europa, una importante artesanía de estamperos y grabadores sobre planchas de madera. Estos artesanos plasmaban imágenes de santos, reyes o personajes de cuentos y, junto a las imágenes, incluían refranes, jaculatorias y demás literatura popular. Estos grabados sustituían, como decoración en las casas populares, a las pinturas que sólo las clases más adineradas se podían permitir.
El impresor francés que tuvo una mayor repercusión fue sin duda Jean Charles Pellerin que empleó planchas de plomo realizadas a partir de viejos grabados en madera y comenzó a imprimir cientos de láminas de diferentes modelos.
En los primeros años del siglo XIX los soldados Pellerin eran los más baratos. Los vendedores ambulantes iban a Épinal varias veces al año y eran quienes se encargaban de su distribución y venta.
Estas láminas en principio llevaron impresos diferentes motivos, incluso algún retrato, pero las representaciones más comunes fueron las hileras de soldados.
Normalmente aparecían cuatro filas que llenaban casi toda la lámina, aunque se imprimieron láminas con hasta seis filas y otras con sólo dos; en estas últimas los soldados eran de mucho mayor tamaño.
Dichas láminas no se recortaban siguiendo el perfil de la imagen sino que se hacían tiras o cuadros de varios soldados con los que se formaban verdaderos ejércitos, y con ellos se representaban las batallas más célebres y también las imaginarias. Además podían añadirse escenas; como prueba de ello se conservan láminas con representación de imágenes que se constituían como fondos para las batallas o para las formaciones de soldados.
Tanto las láminas de soldados como éstas de paisajes o escenas de fondo se enmarcaban y colgaban con una función decorativa en las casas.
En sus comienzos todas estas láminas iban destinadas a un público adulto que las podía utilizar para recordar viejas batallas, pero pronto pasaron a formar parte del mundo infantil y acabaron compitiendo directamente con las figuras de plomo.
Es interesante destacar, que por el mismo precio se podían conseguir cuatro soldados de plomo -en los que tanto la aleación como la pintura podía ser bastante descuidada- o un pliego con doce, catorce y hasta veinticinco soldados de papel de gran calidad y con todo lujo de detalles tanto en los uniformes como en las armas. La elección era fácil para muchos niños pertenecientes a familias sin grandes recursos económicos. Así, el bajo precio de los recortables fue el arma que utilizaron los impresores para divulgar las láminas de soldados alineados y no perder mercado frente a la aparición de los soldados de plomo.
Estos recortables se editaron por toda Europa: Italia, Portugal, Centroeuropa... Todas las láminas iban dirigidas al gran consumo y continuaron editándose hasta principios del siglo XX.
Su datación exacta se hace difícil en ocasiones, ya que repitieron los modelos durante décadas. Colecciones estupendas de estos soldados tienen el Musée de l´Armée de París o el Museo del Ejército de Nápoles.
Las láminas de soldados en España
En España también se comercializaron estos pliegos de soldados, siendo Cataluña la pionera en la impresión de este tipo de láminas.
Aunque a menudo se señala la casa Simó (Solá Piferrer) como la que imprimió los primeros soldados españoles de papel, fue la estampería barcelonesa Paluzie la que destacará por sus excelentes trabajos de impresión.
Paluzie fue una empresa familiar que se fue transmitiendo de padres a hijos hasta los años 40 del siglo XX.
El primer catálogo conocido de la editorial es de 1879, y su producción abarcó desde teatros (decorados, telones, bastidores...) hasta todas las láminas imaginables propias de la estampería de la época: soldados, construcciones, juegos.
Tomando como referente la casa Pellerin de Épinal y la firma Schreiber de Alemania, Paluzie tuvo un importante papel en el uso y difusión de las técnicas litográficas en el campo de la edición en Cataluña.
También en Madrid se editaron este tipo de láminas recortables. En este caso es necesario destacar la producción de la editorial Hernando, fundada en 1828. Su aportación al recortable militar es importante, fundamentalmente, por haber producido pliegos de gran fidelidad que reflejaban los acontecimientos militares de la época.
Hernando desapareció en 1936 a causa del fuego producido en su fábrica y almacenes, debido a los bombardeos que sufrió la ciudad por parte del ejército del bando nacional.




